Madalina Moon humilla a Kaby Snow con un juego de pies y polla
El vestidor olía a cuero y sudor, con la luz tenue cayendo sobre las zapatillas de Kaby Snow, que brillaban mojadas. Yo, Madalina Moon, me acerqué con mi polla dura como una roca, listo para hacerla gemir y obedecer. Le ordené que se arrodillara y empezara a chupar mis botas, y su lengua empezó a recorrer cada centímetro como una perra bien entrenada. Luego le hice lamer mis pies, mordisqueando sus dedos hasta que suplicó por mi verga. La puse de rodillas y le hundí la polla hasta las pelotas, agarrándole del pelo para que no se escapara. Cada vez que intentaba respirar, le empotraba más fuerte, escuchando cómo sus gemidos se convertían en sollozos de placer. En más de 10 minutos de escena, la humillé hasta que su boca estuvo llena de mi leche, y ella lamió cada gota como si fuera su última comida. Al terminar, su maquillaje estaba corrido y sus medias rotas en el suelo, como prueba de lo bien que había sido dominada.