Foreverman y Mike se revolcaron en un polvo rápido y sin condón
El sonido de la puerta cerrándose de golpe me sacó de mis pensamientos, pero no era el frío del exterior lo que me erizó la piel, sino el calor que irradiaba el cuerpo de Mike al acercarse, oliendo a sudor y a esa colonia barata que siempre usaba para provocarme. Hace días que venía enviándome fotos con el pantalón tan ajustado que se le marcaba hasta la punta de la verga, rozándome en el pasillo del gimnasio cada vez que pasábamos, y ahora estaba aquí, en mi cama, con la polla ya dura y babeante, retándome con esa mirada de 'sabes que quieres esto'. No me hizo falta decirlo: me bajé los shorts de una patada, arqueando la espalda para que viera cómo mi culo se abría humedecido, invitándolo a meterla sin piedad. Foreverman, que estaba detrás, no perdió el tiempo y se abalanzó sobre mí como un animal, mordiéndome el cuello mientras sus manos me separaban las nalgas para que Mike entrara de una estocada, haciendo que mis gritos se ahogaran contra las sábanas. El primer empujón me hizo sentir cada vena de su polla gruesa, raspándome por dentro mientras Mike me agarraba de las caderas para embestirme más fuerte, sus bolas golpeteándome el clítoris cada vez que se hundía hasta el fondo. El sudor me corría por la frente, mezclándose con las gotas que caían de sus cuerpos sobre mi piel, pero no había tiempo para limpiarse: Foreverman ya estaba tras de mí, frotando su verga en mi entrada trasera, gimiendo 'me voy a correr otra vez' mientras Mike no dejaba de martillar mi coño como si quisiera partirme en dos. El calor crecía entre mis piernas, el sonido de los cuerpos chocando se volvía más desesperado, hasta que de repente sentí cómo Mike se tensaba, su polla palpitando antes de reventar dentro de mí con un chorro caliente que me hizo gritar, pero no hubo descanso: Foreverman ya me estaba volteando, clavándome su verga en el culo sin aviso, y justo cuando iba a gemir '¡no aguanto más!', sus embestidas se volvieron más brutales, hasta que sentí el líquido caliente llenándome por detrás mientras sus dedos se clavaban en mis muslos, apretándome como si nunca quisiera soltarme...