La maricona travesti se pajea con maquillaje de putita
—¿Qué coño haces así, putita? —le pregunta el tipo, sorprendido al verla retorcerse con la polla dura entre los muslos. La travesti, con el culo al aire y los labios pintados de rojo, se corre a chorros mientras se clava las uñas en los pezones. No es su primera vez, pero el tío no esperaba encontrarla así, toda emperifollada con lencería rosada y el pelo largo de peluca balanceándose con cada gemido. Ella lo mira con los ojos vidriosos, sabiendo que la tiene a punto, y entonces él la agarra del cuello, tirando de ella hacia adelante hasta que su polla casi le rompe la garganta de una estocada. El sonido húmedo del choque de carne resuena en el cuarto, y la travesti no puede evitar soltar un grito cuando él le desliza los dedos entre las nalgas, sintiendo el calor mojado de su culo. —Eres una zorra de mierda —gruñe el tipo, mientras ella se arquea, sintiendo cómo su verga la parte en dos. La sorpresa del descubrimiento es todo: él no sabía que bajo su ropa normal había una puta ansiosa, y ella no imaginaba que su juego lo excitara tanto. Cada embestida la hace temblar, y cuando él le aprieta las tetas postizas, ella siente un escalofrío que le recorre la espalda. El hombre gruñe, acelerando el ritmo, mientras la travesti se muerde el labio, sintiendo cómo el placer le nubla la mente. Al final, cuando él se corre dentro, ella piensa que nunca había sido tan feliz siendo una puta.