Chico se masturba en el bosque mientras se siente culpable
Corriendo entre los árboles, la polla ya dura en su mano, los pantalones bajados hasta las rodillas, él sabe que esto está mal pero no puede parar. Mirando alrededor con nerviosismo, el corazón le late fuerte, las ramas crujen bajo sus pies mientras se agarra el miembro con desesperación. La humedad del bosque le moja el cuerpo, la brisa fresca contrasta con el calor que le sube por el pecho, el deseo prohibido lo domina. Con movimientos rápidos, el pre-cum brilla en la punta mientras gime en silencio, las mejillas ardiendo de vergüenza pero las caderas empujando hacia adelante sin control. El sonido de los pájaros le recuerda que alguien podría verlo, pero en vez de asustarse, se excita más, imaginando que lo descubren en este acto sucio. La mano se mueve más rápido, los dedos aprietan la base de su verga, los muslos tensos, las pelotas pesadas y listas. Justo cuando está por explotar, un ruido alejado lo hace congelar, pero solo por un segundo, porque con un gemido ahogado, la leche salta en chorros espesos, manchando las hojas del suelo. 'Mierda, esto no puede seguir pasando', susurra, pero ya sabe que volverá, que el bosque será su escondite de pecado.