Manuel Keny y Uleison follarán sin plata, en su propia cama
Uleison no tenía ni un centavo para el motel, pero eso no iba a detenerlos. La excusa de ‘esto está mal’ se desvaneció cuando te acercaste y le mordiste el cuello, sintiendo cómo su polla ya dura se frotaba contra tu cadera. Sabías que no deberían hacerlo, que alguien podría entrar, pero el riesgo solo te ponía más caliente. Agarras sus caderas y lo empujas contra la pared, sintiendo cómo su culo apretado se aprieta contra ti cuando te frotas contra su raja. Te inclinas para chuparle los pezones, escuchando cómo gime y te clava las uñas en la espalda. En más de 10 minutos de escena, lo empotras contra el colchón, sintiendo cómo su coño mojado te aprieta cada vez que te entierras hasta las pelotas. Cada embestida lo hace gritar, pero no paras, no quieres parar. Solo piensas en lo prohibido, en lo sucio, en cómo no deberías estar haciendo esto, pero no puedes detenerte. Cuando por fin te corres, llenándolo por dentro, solo queda el sonido de sus respiraciones entrecortadas y el pensamiento de que esto fue una locura... pero qué locura tan deliciosa.