Dos dotados follando en secreto tras el entrenamiento
El sudor de ambos aún caliente en la piel cuando te acercas sigiloso, sabiendo que esto no debería pasar... Agarras a Andre Pijote por la cintura mientras él se inclina, ofreciendo ese culo apretado que lleva horas mirando con deseo prohibido. Sientes cómo su piel se eriza al contacto de tus dedos, cómo su respiración se acelera cuando le susurras al oído lo que le vas a hacer. Tu polla ya está dura, lista para hundirse en ese agujero que te mira con complicidad, mientras Diego Mineiro gime ahogado contra la pared, mordiendo su labio para que nadie los escuche. No importa que sea de día, que el gimnasio esté a unos metros, solo importa el calor de sus cuerpos, el olor a sexo mezclado con cloro, la manera en que tu verga se desliza dentro de él sin que pueda evitar gemir más fuerte. Sabes que esto está mal, que podrían descubrirte, pero no puedes parar, no cuando sientes cómo su culo te aprieta como un guante, cómo suelte un gemido raro cuando te la entierras hasta que sus caderas chocan contra tu pelvis. Diego se voltea y te la chupa con desesperación, tragando cada gota de tu leche antes de que otra vez te pierdes en su agujero, follándolo como un animal en celo, sin importar los riesgos. Cada embestida lo hace sacudirse, cada palabra sucia que escupes lo pone más caliente, hasta que ya no aguanta y se corre en tu mano, temblando de culpa y placer. En ese momento sabes que esto no será la última vez, que el deseo prohibido los traerá de vuelta, una y otra vez.