Amigo hetero se deja llevar entre sus compañeros de cuarto
Creías que eras el único hetero en la casa, pero cuando Leandro Bellmer cerró la puerta y te agarró la polla con esa sonrisa de puto sabedor, supiste que algo iba a pasar. Te la chupó sin pedir permiso, sintiendo cómo tu verga se llenaba de saliva mientras te miraban fijamente Lorenzo Bernini y Elio Botticelli, listos para probarte. El desafío estaba lanzado: ¿podrías aguantar que te empotraran como el puto que eras o ibas a correrte al primer empujón? Te pusieron boca abajo, con el culo al aire, y sintiste esa polla gruesa entrando de golpe, haciendo que gimieras como una perra necesitada. La fricción quemaba, pero no te quejaste, porque sabías que si lo hacías bien, te darían lo que merecías. Elio te embozó el culo con fuerza, sintiendo cómo tus paredes cederían bajo ese monstruo de verga, mientras Lorenzo te agarraba los huevos y te los apretaba sin piedad. El calor subía, el sudor te corría por la espalda, y cuando Leandro te clavó los dedos en las caderas, perdiste el control. Te la metieron hasta las pelotas, sintiendo cada venada de esas pollas duros como piedra, y cuando Lorenzo te escupió en el cuello y te gritó 'puto mierda', ya no hubo vuelta atrás. La corrida te quemó por dentro, pero no pararon, porque sabían que eras su juguete hasta que se cansasen de follarte.