El vecino me hizo tragar su polla negra hasta reventar
“¿Te gusta mi calzoncillo, perra?”, me dijo Magno Moreno Oficial mientras se ajustaba la ropa interior que le había robado. Yo ya estaba mojada desde que lo vi salir de su casa con mi tanga puesto, rozándome contra la pared cada vez que pasaba. Sabía que lo hacía a propósito, que quería volverme loca, y funcionó. Cuando por fin me acorraló en el pasillo, me empujó contra el muro y me bajó los pantalones de una patada. Su polla negra y gruesa ya estaba dura como una roca, y antes de que pudiera gemir, me la metió en la boca hasta el fondo. La chupé con desesperación, sintiendo cómo me llenaba la garganta, pero él no quería solo eso. Me dio la vuelta, me abrió el culo con sus manos y me penetró de una estocada. Gemí tan fuerte que los vecinos debieron oírme, pero no me importó. Su verga me estiraba por completo, entrando y saliendo con un ritmo brutal, mientras me agarraba de las tetas y me mordía el cuello. “Quiero que te corras dentro de mí”, le supliqué, y él solo sonrió antes de acelerar el ritmo. Sentía cada centímetro de su polla rozándome las paredes, y cuando por fin me llenó el culo de leche caliente, grité su nombre sin parar. El semen me goteaba por los muslos, pero él no había terminado. Me hizo arrodillar y me obligó a tragar cada gota que le quedaba, hasta que su verga ya no tuvo nada más que dar. Y entonces, justo cuando creía que iba a explotar de placer, me empujó contra el suelo y me folló de nuevo, esta vez más rápido, más duro, hasta que no pude más. El orgasmo me sacudió entera, y cuando me corrí, sentí cómo su polla me seguía destrozando, sin piedad, hasta que ambos quedamos exhaustos, jadeando como animales. Pero no hubo tiempo para descansar, porque él ya estaba listo otra vez, y yo no podía resistirme. Su verga era adictiva, y aunque mi culo ardía, lo quería otra vez. Y otra. Y otra. Hasta que no pudimos más. Hasta que el pasillo olía a sexo, a sudor y a semen, y nuestros cuerpos quedaron pegados por el líquido que nos unía. Pero ni siquiera así fue suficiente. Quería más. Siempre más.