Tres chicos sumisos se dejan empotrar por tres maduros bien dotados
Están rompiendo todas las reglas, lo saben, pero no pueden parar. Jordan Starr se muerde el labio mientras un maduro le clava la polla hasta las pelotas, sus gemidos ahogados contra la almohada. A su lado, Adam Snow arquea la espalda cuando otro macho le abre el culo con una embestida seca, sus dedos crispados en las sábanas. El tercero, Canyon Cole, ya tiene la boca llena de semen, tragando sin respirar mientras un maduro le agarra del pelo y le folla la garganta. Saben que esto está mal, que no deberían estar aquí, pero el deseo los domina. Las pollas gruesas entran y salen sin piedad, marcando sus cuerpos jóvenes con cada empujón. Jordan Starr suplica entre dientes cuando uno le da vuelta y le mete la verga hasta hacerle tocar el cuello del útero, sus muslos temblando. Adam Snow gime más fuerte cuando le llenan el culo de leche caliente, su cuerpo convulsionando. Canyon Cole, con los labios hinchados, se corre sin tocarse, solo por la humillación de ser usado así. El maduro que lo domina le escupe en la cara y le ordena limpiarlo, y él obedece como el puto que es. Saben que esto no puede seguir así, pero ya no hay vuelta atrás. La próxima vez, prometen, será peor.