PhantomGent se masturba con lujuria en su silla de jefe
PhantomGent es un hombre que siempre ha tenido lo que quiere, y hoy no fue la excepción. Desde que entró a su oficina, su polla ya estaba dura, imaginando cómo se sentiría al correrse en su propia silla de jefe. Sabía que esto estaba mal, que no debía hacerlo, pero el deseo era más fuerte que la razón. Se desabrochó el pantalón con las manos temblorosas, liberando su verga gruesa y palpitante. La agarró con fuerza, sintiendo cómo cada centímetro de su piel ardía de excitación. Empezó a mover la mano arriba y abajo, sintiendo cómo su pre-cum ya mojaba la punta. Cerró los ojos y gimió, imaginando a algún subordinado arrodillado frente a él, chupándole la polla con desesperación. La idea lo volvió loco, y aceleró el ritmo, sintiendo cómo su culo se apretaba con cada embestida imaginaria. Su respiración se volvió más pesada, y supo que estaba cerca. Con un gemido ahogado, su leche caliente salpicó su mano y su camisa, marcando su oficina como territorio prohibido. Cuando terminó, su polla aún latía, y una mancha blanca manchaba su camisa de seda.