Kageyama domina a Hinata en una mesa de colegio
Esa tarde en el gimnasio, la tensión entre los dos jugadores era insoportable. Kageyama había estado mirándolo fijamente durante días, con esa mirada que quemaba, mientras Hinata se retorcía bajo su peso imaginado. Cuando por fin lo empujó contra la mesa de entrenamientos, el pequeño no pudo evitar gemir al sentir la mano grande de su capitán deslizándose por su espalda, apretando el culo prieto que tanto había deseado. Las piernas temblorosas de Hinata se abrieron instintivamente cuando la polla gruesa de Kageyama entró de golpe, llenándolo hasta que las caderas chocaron con fuerza. Hinata arqueó la espalda, las uñas clavándose en la madera mientras los empujones de su compañero lo atravesaban sin piedad. Cada gemido ahogado de Hinata era música para Kageyama, que lo empotró más fuerte, sintiendo cómo el culo apretado lo estrangulaba. En más de 10 minutos de escena, la mesa crujía con los golpes, el sudor mezclándose con los sonidos húmedos de carne contra carne. Hinata temblaba, al borde del colapso, cuando Kageyama le mordió el cuello antes de correrse dentro de él, marcando su territorio. Mientras se derrumbaba sobre el hombro de su capitán, Hinata solo pensaba en una cosa: que esto no había terminado, ni por asomo.