Dumshi se corre 13 veces en una paja de infarto
Esa tarde en el apartamento, Dumshi no aguantó más el calor que le subía por las piernas cada vez que se miraba al espejo. Llevaba días imaginando cómo sería sentirse tan mojado, tan duro, tan necesitado, pero nunca pensó que su propia mano lo llevaría al límite de esa manera. Se quitó los jeans de un tirón, dejando al aire su polla gruesa, ya goteando, y se dejó caer en el sofá con las piernas abiertas. Sus dedos temblorosos empezaron a subir y bajar por su verga, apretando fuerte, sintiendo cómo cada movimiento le arrancaba un gemido más profundo. La tensión de semanas de miradas robadas, de fantasías a media noche, se acumulaba en su vientre, en sus muslos, en cada gota de sudor que le resbalaba por el pecho. Se mordió el labio cuando su mano se movió más rápido, más fuerte, hasta que el primer chorro de leche salpicó su abdomen. Pero no se detuvo ahí: siguió, jadeando, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía con cada nueva descarga. La habitación olía a sexo y a sal, y cuando por fin se dejó caer contra el respaldo, exhausto, vio el desastre que había hecho. Su polla seguía dura, aún palpitando, y su estómago, sus muslos, hasta el sofá, estaban cubiertos de su corrida espesa. ¿Te gustaría estar en su lugar, sintiendo ese alivio, esa liberación, después de tanto esperar?