Una provocación que terminó en un polvo salvaje
Esa tarde en el gimnasio, noté cómo me miraba de reojo mientras me cambiaba, ajustando su ropa ajustada para que cada movimiento hiciera que su polla se marcara más. Yo me mojé al ver cómo se acercaba, rozándome "accidentalmente" cada vez que pasaba, enviándome fotos de su culo apretado en el grupo de WhatsApp. Sabía que lo hacía a propósito, y cuando me agarró contra la pared, no pude evitar gemir al sentir sus manos en mi trasero. Me bajó los shorts de una vez, mordiéndome el cuello mientras su verga gruesa entraba de golpe, sin piedad. Cada embestida me hacía chillar, sintiendo cómo me llenaba hasta las pelotas, sus dedos clavados en mis caderas para empujar más fuerte. El sudor de nuestros cuerpos mezclado con el sonido de piel chocando me volvió loca, y cuando me ordenó que me corriera, no pude evitar apretarme alrededor de su polla, sintiendo cómo se vaciaba dentro de mí con un gruñido. Justo cuando creí que no podía más, me dio la vuelta y me penetró desde atrás, clavándome contra la pared hasta que mi voz se quebró en un grito ahogado.