Bastian Karim domina a Dylan Tides en un affaire de pollas y sumisión
Nunca imaginé que un cliente me pondría de rodillas así, pero aquí estoy, con la boca abierta y las manos temblorosas mientras él me mira desde arriba, desabrochándose los pantalones lentamente. La polla de Bastian Karim se despliega frente a mis ojos, gruesa y venosa, y sé que no habrá piedad. Me ordena chupársela sin tocarme, solo con la boca, y obedezco, sintiendo cómo sus dedos se enredan en mi pelo para guiar el ritmo. La saliva gotea por mi barbilla mientras la tengo hasta las pelotas, pero él exige más, que le lamedonde me dice, hasta que el culo me arde de ganas. Me gira, me empuja contra la pared, y siento su verga rozándome el agujero antes de hundirse de una estocada. Gruño como un animal, las uñas marcándole la espalda mientras él me agarra de las caderas y me embiste como si fuera su puto juguete. Cada movimiento me quema, el sudor mezclándose con el lubricante, y cuando me ordena correrme sin tocarme, solo por el roce de su polla destrozándome el culo, no puedo evitar gemir más fuerte, las piernas temblando. Lo siento acelerar, los gemidos guturales de Dylan Tides llenan la habitación, y justo cuando estoy a punto de explotar, él me ordena tragarme todo lo que me dé, y lo hago, tragando cada gota mientras mi propio semen mancha la pared. Bastian Karim me suelta de golpe, y el vacío me deja jadeando, el corazón a mil, sabiendo que esto no se repetirá, pero deseando que sí.