Jujuzinha y su coño rosa reciben una polla negra bien dura
Ella se arquea sobre la mesa de la cocina, las piernas temblorosas mientras él la agarra por las caderas y le clava la verga negra hasta hacerle gemir. Jujuzinha, con su coño rosado ya empapado, se muerde el labio para ahogar los gritos, pero los gemidos escapen entre sus dientes. Él la embiste con fuerza, las caderas chocando contra su culo redondo, y ella se aferra al borde de la mesa como si fuera lo único que la mantiene en pie. Afuera, el sonido de pasos en el pasillo los hace detenerse por un segundo, conteniendo la respiración, pero el peligro solo los excita más. Él le susurra al oído que alguien podría entrar en cualquier momento, y eso la pone más mojada. Las gotas de sudor caen de su espalda mientras él la levanta y la sienta sobre su verga, haciéndola rebotar con fuerza. Ella clava las uñas en sus hombros, los ojos cerrados, sintiendo cómo cada embestida la llena por completo. Los gemidos se vuelven más altos, más desesperados, hasta que él la gira contra la pared, amortiguando sus gritos con una mano mientras la penetra con furia. El riesgo de ser descubiertos los enciende, y cuando él por fin se corre dentro de ella, Jujuzinha se muerde el labio para no gritar, sabiendo que la próxima vez será aún más salvaje.