Brody Richardson me cogió sin que nadie nos viera en su taller
El olor a aceite y metal quemado se mezclaba con el sudor de Brody Richardson mientras su boca recorría mi cuello con urgencia, sus manos grandes apretando mis muslos bajo las botas de cuero que apenas me dejaban moverme. 'Cállate, puta, que si entra alguien te hago tragar toda mi leche', susurró mientras su polla dura como piedra empujaba contra mi culo, todavía vestido con los jeans ajustados que había usado para provocarlo. Escuché el sonido de la puerta de la calle cerrarse en el piso de arriba, pero no me importó el riesgo de que su marido nos descubriera, solo quería que Brody me empotrara contra la pared del taller, que sus embestidas secas y violentas hicieran chirriar el banco de trabajo. 'Mordeme si quieres gritar', gruñó antes de tirar de mis bragas hasta romperlas, dejando mi coño mojado al aire justo cuando escuché pasos bajando las escaleras. No pude evitar gemir cuando Brody me levantó de golpe, hundiendo su verga hasta las pelotas en mi culo virgen, el dolor mezclándose con el placer mientras sus manos marcaban mi cuerpo con moretones. 'Tómala toda, zorra', ordenó mientras aceleraba el ritmo, cada golpe haciendo crujir la cadena de la bicicleta que colgaba encima de nosotros. Los gemidos se me escapaban entre los dientes cuando Brody me obligó a arrodillarme, su semen caliente llenando mi boca justo antes de que la puerta del taller se abriera de golpe. '¿Qué carajos...?', escuché decir a una voz masculina antes de que Brody me tapara la boca con su mano. 'No es lo que parece', mintió, pero ambos sabíamos que su marido había visto todo. 'La próxima vez te follo donde quiera, puta', me susurró Brody al oído mientras se abrochaba el pantalón, dejando mi cuerpo tembloroso y completamente marcado.