David Vinicius me empotró en el gimnasio con riesgo de pillarnos
El gimnasio estaba vacío a esa hora, pero las luces de emergencia parpadeaban cada vez que alguien pasaba por el pasillo. Yo ya estaba sudando, no solo por el ejercicio, sino porque sabía que David Vinicius venía detrás de mí. Me acerqué a la máquina de pesas, fingiendo ajustar los discos, pero en realidad estaba temblando de anticipación. Cuando sentí su mano en mi culo, casi me corro de solo imaginar que alguien podía entrar. Me agaché, apoyando las manos en el banco, y él no perdió tiempo: me bajó los leggings de un tirón y me penetró de una estocada, tan profunda que me hizo gemir. Cada embestida resonaba en el silencio del gimnasio, y yo mordía mi labio para no gritar. Escuchaba los pasos de los empleados en el piso de arriba, y eso me ponía más caliente. David me agarró del pelo, tirando hacia atrás mientras me follaba, y yo solo podía pensar en que nos descubrieran. El sudor me resbalaba por la espalda, mezclándose con el calor de su cuerpo pegado al mío. Cuando por fin se corrió, lo hizo dentro de mí, y yo me quedé temblando, preguntándome si alguien habría escuchado. Lo peor era que no me importaba, solo quería más.