Anal interracial sin proteccion con Brody Richardson
La primera vez que escuché el sonido de la puerta del baño abriéndose, el corazón me latió con fuerza. El aire olía a sudor y a excitación cuando Brody Richardson entró, su polla negra ya dura, brillando bajo la luz tenue. Yo estaba arrodillada en la cama, con el culo en el aire, esperando, sin saber que mi vida estaba a punto de cambiar. Cuando sus manos ásperas agarraron mis nalgas y sentí sus dedos rozando mi agujero, gemí sin control. Nunca había sentido algo así, una mezcla de dolor y placer que me hizo arquear la espalda. Brody no se detuvo, empujó su verga gruesa dentro de mí de una sola estocada, y grité al sentir cómo me llenaba por completo. Sus embestidas eran rítmicas, brutales, y cada vez que chocaban sus caderas contra mi culo, un escalofrío recorría mi columna. No creía que algo así pudiera encajar tan bien, tan profundo, hasta que empezó a golpear mi punto más sensible. Todo se volvió borroso, los gemidos se mezclaban con el sonido de carne golpeando carne. Brody gruñó cuando sintió que su corrida estaba cerca, y me apretó contra él mientras soltaba todo su calor dentro de mí. Cuando terminó, me quedé temblando, con su semen escurriendo por mis muslos.