Un gigante de 20 cm le pone toda la polla dura a su amante
El baño del trabajo tiene paredes finas, y en cualquier momento podría entrar el jefe o algún compañero de oficina: solo hay un pestillo oxidado entre ellos y el escándalo. Pero eso no los detiene. El tipo de la polla descomunal ya tiene a su pareja arrodillado, tragándosela como si fuera un postre, mientras sus manos aguantan las paredes para no gritar. Escucha con atención cada gemido que se le escapa, cada vez que el miembro grueso golpea el fondo de su garganta, y solo piensa en cómo va a reventarle el culo después. Las gotas de sudor caen de su frente mientras agarra ese pelo sudado, moviendo la cabeza a su ritmo, sintiendo cómo la saliva le chorrean por las comisuras. El otro ya está rogando que se la meta, suplicando con la mirada cuando por fin la saca de su boca, brillante y mojada, y lo empuja contra la pared. Con un solo empellón, esa verga monstruosa desaparece entre sus nalgas, abriéndole de par en par, y los dos contienen el aliento al mismo tiempo: afuera, pasan unas voces. El que la recibe agarra el lavabo con fuerza, clavando las uñas, mientras el otro le agarra las caderas y empieza a embestirle con todo, sintiendo cómo la polla entra hasta donde no hay vuelta atrás. Cada choque de sus cuerpos contra las baldosas resuena, y los gemidos se ahogan en un susurro ronco, mordiéndose los labios para no delatarlos. Cuando el de atrás acelera el ritmo, agarrándole la polla para masturbarlo al compás, ya no hay vuelta atrás: la tensión se rompe, y un chorro espeso le llena el culo mientras el otro se corre en su mano, temblando. Y justo cuando crees que terminó, desde el pasillo escuchas pasos que se acercan...