Arty Boer empotrando el culo de Nailmebbbot como venganza
La habitación apestaba a sudor y humillación, con la luz tenue iluminando cada tatuaje en los músculos tensos de los dos hombres. Él, con esa polla gruesa y venosa que aún olía a otro, la empujó contra mi boca primero, obligándome a tragarme el resto de lo que otro había dejado en ella. ¿Te gustaría estar en mi lugar, tragando semen ajeno mientras el dueño de esa verga te mira con desprecio? La saliva me escurría por la barbilla cuando la sacó de golpe, solo para hundirla en mi culo sin lubricar, arrancándome un grito que resonó en las paredes. Sus manos, grandes y callosas, me sujetaban las caderas como si fueran de plástico, marcándome la piel con sus dedos mientras me partía en dos. Cada embestida era más brutal que la anterior, sus pelotas chocando contra mi piel enrojecida, y yo solo podía gemir, sintiendo cómo su polla me taladraba hasta dejarme sin aire. Él gruñó como un animal, bombeando hasta que su leche espesa me llenó, caliente y densa, mientras jadeaba encima de mí. Cuando se retiró, vi las marcas rojas en mis muslos y el semen goteando de mi agujero, prueba de que ya no era suyo, sino de cualquiera que quisiera usarlo. Al final, solo quedó el condón usado en el suelo, hinchado con su carga, como un trofeo de su victoria.