Policía musculoso castiga al ladrón con su polla negra
El olor a madera vieja del local de empeños se mezclaba con el sudor nervioso del chiquillo cuando el oficial Johnny Ford lo agarró del brazo. Llevaban semanas mirándose de reojo en la tienda, él con su uniforme ajustado y el otro con esa sonrisa de travieso que prometía problemas. Cuando lo pilló robando, el corazón le latía tan fuerte que casi podía sentir cómo su polla se endurecía contra el pantalón del uniforme. El oficial lo empujó contra el mostrador, le bajó los jeans de un tirón y le escupió en el culo antes de meterle los dedos sin piedad. El ladronzuelo gemía como una perra en celo, arqueando la espalda mientras Johnny le abría el agujero con los dedos gruesos. Cuando por fin le clavó la verga negra hasta las pelotas, el chico gritó tan fuerte que el eco rebotó en las paredes. Johnny le agarraba las caderas con fuerza, embistiéndolo con cada empujón mientras el sonido de la carne chocando llenaba el aire. El ladronzuelo no podía más, suplicando que se corriera dentro, y cuando Johnny le soltó toda la leche caliente en el culo, el chico se quedó temblando, sabiendo que esto no se acabaría aquí. La próxima vez, el oficial no sería tan suave.