Paja agresiva en el baño con riesgo de ser pillados
La puerta del baño de la oficina no tiene seguro, pero eso no los detiene. El jefa lo mira nervioso mientras se desabrocha el pantalón, la polla ya dura y goteando. Él se agacha de rodillas, tragando ese trozo grueso hasta la garganta, ahogándose un poco con cada embestida. El otro gruñe, agarrándole la cabeza con fuerza, moviendo las caderas sin control. Afuera, alguien pasa por el pasillo y se oye una risa. Se quedan quietos, conteniendo el aire, los dedos de él presionando la nuca del otro. Cuando el ruido se aleja, vuelve la locura: chupadas profundas, mordiscos en el tronco, saliva corriendo por ese miembro hinchado. El que la chupa gime bajito, pero no puede evitar que sus quejidos se escapen. El otro gruñe más fuerte, empujando la punta contra el paladar, los ojos en blanco. El riesgo de que los descubran los pone más calientes, pero el peligro acecha: otra puerta se abre en el pasillo. Se separan de golpe, la polla brillante de saliva, el corazón latiendo a mil. No hay tiempo para pensar, solo para saltar otra vez: lamidas rápidas, dedos masajeando los huevos, esa mano que ahora se mueve como una máquina. El jefa se acerca al orgasmo, los gemidos se vuelven más urgentes, los muslos le tiemblan. El otro acelera, chupando con fuerza, tragando cada gota que sale a chorros. La puerta del baño se mueve ligeramente, alguien intenta entrar, pero está ocupado en otra cosa. Ya no pueden parar, el placer los domina. Él agarra el pelo de su compañero, obligándole a tomar hasta la última gota, hasta que los espasmos lo dejan agotado, el cuerpo entero tembloroso. El sonido de unos pasos se acerca, pero es tarde, ya se corrieron, la polla aún palpitante entre esos labios calientes. La puerta se abre de golpe, pero ellos ya están arreglándose la ropa, el corazón latiendo a toda velocidad, las caras rojas, los labios hinchados. La adrenalina no los deja respirar, pero el deseo ya cumplido los deja satisfechos, aunque no hay tiempo para disfrutarlo. Alguien entra y los mira con extrañeza, pero no dice nada. El peligro los excitó aún más, pero ahora deben fingir normalidad, aunque el sabor salado aún quede en sus bocas.