Princesita pidiendo que la empotren con esa verga enorme
“¿No ves cómo me muero por tu polla, Harvey?”, le susurró la princesita con esa voz que sabía que te volvía loco, mientras se ajustaba el vestido diminuto que apenas le cubría las nalgas. Desde la mañana te había estado provocando: fotos del escote, rozándose contra ti cada vez que pasaba, mordiéndose el labio mientras te miraba fijamente. Sabía que no ibas a aguantar y ahora, con su culo respingón en pompa frente a ti, esperado que la penetraras de una vez. Agarras esa cintura diminuta y sientes su piel mojada, temblando bajo tus dedos mientras la empujas hacia tu verga gruesa. Su coño ya chorreaba cuando la clavaste hasta el fondo, sintiendo cómo su carne apretada te envolvía entera de golpe. Gimió tan alto que casi te rompió los tímpanos, pero no te detuviste: la embestías como un loco, disfrutando cómo su culo saltaba con cada estocada. Le acariciabas esos pechos perfectos, pellizcando los pezones duros mientras ella arañaba las sábanas, rogando por más. No te importó correrte dentro, sintiendo cómo su coño apretado te ordeñaba hasta la última gota. Cuando te sacaste, sólo pensaba en lo bien que la habías cagado de tanto provocarte.