Verificación con mi polla goteando sobre tu cara sumisa
Marisol no tenía permitido moverse hasta que yo terminara, sus manos atadas detrás de su espalda mientras mi saliva bajaba por sus labios hinchados. Cada vez que gemía, le metía la polla más adentro, marcando el ritmo con mis caderas hasta que su coño apretado temblaba. Me encantaba ver cómo su cuerpo entero se tensaba cuando le ordenaba no correrse, sus muslos húmedos temblando mientras yo controlaba cada segundo de su placer. Sus ojos llorosos me suplicaban permiso, pero yo solo sonreía mientras seguía follándola sin piedad, sintiendo cómo sus paredes internas se contraían alrededor de mi verga dura. Cada vez que intentaba gemir más alto, le tapaba la boca con mi mano, disfrutando de su desesperación por liberarse. Podía sentir cómo su coño se volvía más mojado cada vez que le recordaba que solo yo decidía cuándo podía correrse, y cuando al fin lo permití, gritó tan fuerte que el sonido rebotó en las paredes. Ahora solo puedo pensar en lo bien que se sintió hacerla obedecer, en cómo su cuerpo tembló bajo el mío mientras yo tomaba todo lo que necesitaba.