Assilille te reta a aguantar sus gemidos de placer
—¿Crees que puedes manejarme?— te desafía Assilille mientras se lame los labios, retándote con una sonrisa pícara. Vas a ver cómo esa actitud se convierte en gemidos ahogados cuando sus muslos se cierren alrededor de tu cabeza mientras le chupas el coño con la lengua bien dura. Imagínate que sus uñas se clavan en tu espalda cuando la empotras contra la pared, sintiendo cómo su culo se aprieta contra tu polla cada vez que la embistes. Ella te va a mirar con esos ojos desafiantes mientras te cabalga, moviendo las caderas como si quisiera demostrarte quién manda aquí. Pero cuando le metes los dedos en el coño y le rozas el clítoris con el pulgar, vas a escuchar cómo su respiración se acelera y sus palabras se convierten en un gemido largo y húmedo. Te va a rogar que no pares, que la hagas correrse así, con los dedos bien adentro y la lengua lamiéndole los pezones. Y cuando por fin se corra, vas a ver cómo su cuerpo se estremece, cómo los músculos de su coño se contraen alrededor de tus dedos, y cómo su cara se pone roja de placer. Pero ella no va a ser la única que disfrute: cuando te la folles de pie, con sus piernas alrededor de tu cintura, vas a sentir cómo su coño mojado te aprieta como un guante. Y cuando te corras dentro de ella, vas a ver cómo se muerde el labio para no gritar, pero sus ojos te van a decir que ganó la apuesta.