Myself Wanking se exhibe tocándose la polla sin vergüenza
Deslizando la mano dentro del pantalón con movimientos pausados, Myself Wanking dejó que la tela se abriera poco a poco mientras la luz de la tarde entraba por la ventana. Durante varias semanas las miradas curiosas desde el edificio de enfrente habían ido acumulando una tensión casi insoportable, cada gesto robado y cada sombra en el cristal aumentaban el deseo de mostrar todo sin filtros. La polla ya dura asomó completa, la mano la rodeó con fuerza y empezó a subir y bajar marcando el ritmo que antes solo imaginaba en secreto. El sonido húmedo de la piel rozando resonaba claro en la habitación mientras el culo se tensaba contra el marco de la ventana para que quien mirara no perdiera detalle. Cada embestida de su propia mano apretaba más fuerte la base y hacía que las venas se marcaran visibles, el glande brillando con cada gota que salía. La respiración se volvió más profunda y los gemidos escapaban sin control cuando aceleraba el vaivén, imaginando los ojos pegados al cristal del otro lado. El cuerpo entero vibraba con la necesidad contenida durante días, los huevos pesados golpeando contra la mano en cada bajada completa. De pronto la polla latió con fuerza y los chorros espesos salieron disparados contra el cristal, manchando todo mientras el placer recorría la espalda de un tirón. En la ventana opuesta la figura que observaba se quedó inmóvil, la mano apretada contra el pecho y la boca entreabierta sin poder apartar la vista.