Assilille provoca sin descanso hasta que su amiga explota de deseo
La luz del cuarto estaba tenue, apenas iluminando los detalles de la ropa que Assilille había elegido con cuidado esa tarde: una blusa ajustada que resaltaba cada curva, un pantalón tan corto que dejaba poco a la imaginación. Desde hace semanas, había estado jugando con los límites, mandando fotos cuando sabía que su amiga las vería, rozando su cuerpo contra ella al pasar, sonriendo con complicidad cada vez que la otra se sonrojaba. Esta noche, finalmente, el juego terminó. La tensión creció cuando Assilille se desnudó frente a ella, dejando caer la blusa al suelo con un movimiento calculado, desabrochando el pantalón lentamente, moviendo las caderas mientras se lo quitaba. Su amiga no aguantó más, avanzó de golpe, atrapando su boca en un beso salvaje mientras las manos buscaban desesperadas cada rincón de piel. Assilille gimió cuando los dedos de su amiga se hundieron entre sus piernas, encontrando ya el coño empapado, los labios hinchados de tanto deseo acumulado. La empujó contra la cama, subiéndose encima sin dejar de chupar su cuello, mordisqueando la piel hasta dejar marcas. Las uñas de Assilille se clavaron en los hombros de su amiga mientras esta hundía la lengua en su coño, lamiendo desde el clítoris hasta el culo con un gemido que vibraba en su piel. Las caderas de Assilille se movían en círculos, frotándose contra la boca hambrienta, hasta que un orgasmo violento la sacudió, dejando su coño palpitante y las sábanas empapadas. Su amiga no se detuvo, siguió chupando, desgastando cada gota de placer hasta que ambas cayeron exhaustas, con los cuerpos sudorosos y los labios aún entreabiertos. En el suelo, cerca de la cama, la blusa de Assilille yacía arrugada, con el sujetador colgando de un hombro, como evidencia de la tormenta que acababa de desatarse.