Verificación con la zorra que obedece cada orden
En esa habitación oscura, la perra se arrodilla temblando mientras el tipo le ordena abrir la boca de par en par. Ella obedece al instante, sintiendo el peso de su polla dura rozando sus labios pintados. El hombre le agarra el pelo con fuerza, obligándola a chupar hasta que las lágrimas le corren por las mejillas. Cada gemido suyo es un recordatorio de que no tiene permitido detenerse, ni siquiera cuando el dolor le quema la garganta. Él la empuja más adentro, disfrutando cómo su coño se moja al sentir el control absoluto sobre ella. La perra suplica entre jadeos, pero él solo sonríe y le exige que se traga cada gota. Cuando por fin se corre, la leche le llena la boca hasta rebosar, y ella se ahoga un poco antes de tragarlo todo como una buena puta. Al terminar, el tipo se limpia la polla en su cara mientras la mira con desprecio, disfrutando cómo ella sigue arrodillada, temblando de humillación.