Una putita celosa se deja empotrar para vengarse
El olor a sudor y lujuria me envolvía mientras me arrastraba hacia él, sintiendo cómo mi coño palpitaba de rabia y deseo. Sabía que esto era por venganza, porque él se había follado a mi ex justo donde yo estaba ahora, y cada gemido que escapaba de mis labios era un recordatorio de que yo también podía ser una perra cuando quería. Sus manos me apretaban las tetas con fuerza, amasando mi carne mientras su verga gruesa se hundía entre mis nalgas, rozando mi culo con cada embestida. No me importaba el dolor, solo quería sentirlo dentro, llenándome hasta que mi cuerpo temblara de placer. Sus dedos se clavaban en mis caderas, marcándome como suya mientras yo arqueaba la espalda, ofreciéndole mejor acceso. El sonido de su polla entrando y saliendo de mi coño mojado me volvía loca, y cada vez que me penetraba más profundo, imaginaba a mi ex viéndome así, sabiendo que yo también podía ser una puta cuando me convenía. Sus gruñidos en mi oído me excitaban aún más, y cuando por fin se corrió dentro de mí, llenándome con su leche caliente, supe que había ganado. Pero lo mejor fue ver la cara de él después, cuando entendió que yo ya no era de nadie más.