Rosebrutal y su juego sucio hasta hacerla gemir
Él llevaba horas provocándola: mensajes con fotos de su polla dura, roces ‘accidentales’ al pasar, susurros en el oído que le erizaban la piel. Rosebrutal sabía exactamente cómo encenderla sin tocarla, y cuando por fin la atrapó contra la pared, el vestido ya estaba empapado de su excitación. Sus dedos se hundieron en el coño mojado, pero ella no se dejó dominar: le mordió el labio, le arañó la espalda y lo empujó hacia la cama. Él obedeció, pero solo para mejor posición: la levantó de golpe, la sentó sobre su verga hasta que los muslos le temblaron, y empezó a embestirla con ritmo lento, disfrutando cada gemido que le arrancaba. Ella se retorcía, pero él no aceleraba, solo sonreía mientras le chupaba los pechos, mordisqueando los pezones hasta que ella gritó ‘¡Más fuerte!’ y entonces sí, la empotró contra el colchón, clavándosela hasta que las caderas chocaron. El sonido de la carne golpeando resonaba en la habitación, mezclado con sus jadeos y los chasquidos de su coño tragándose cada centímetro. Cuando por fin se corrió, él siguió moviéndose, alargando el orgasmo hasta que ella se quedó sin aliento, temblando. Al separarse, una mancha de su corrida brillaba en el edredón.