Obito no aguanta más y la empotra contra la pared
—'¿Y si te rompo en dos?'— me susurró al oído antes de arrancarme la ropa. Llevábamos días mirándonos, rozándonos sin atrevernos, hasta que la tensión estalló. Sus manos ásperas me sujetaron las muñecas mientras me pegaba a la pared, la punta de su polla rozándome el coño húmedo. —'Mira cómo me mojo solo con mirarte'— le dije, y él gruñó antes de meterla de una estocada, llenándome hasta hacerme gritar. Cada embestida era más fuerte, más profunda, sus caderas chocaban contra mi culo mientras me agarraba el pelo y tiraba hacia atrás. Sentí sus pelotas golpearme al ritmo de sus movimientos, el sonido de la carne chasqueando mezclado con mis gemidos. —'No te corras aún'— le ordené, pero él solo rió y me dio la vuelta, metiéndome dos dedos en la boca para que los chupara. Cuando me arrodillé, su polla quedó a la altura de mis ojos, gruesa, venosa, palpitando. —'¿Ves lo que me haces?'— rugió mientras me agarraba de la cabeza para que tragara su verga entera. Chupé con fuerza, sintiendo el gusto salado de su excitación, hasta que él me levantó y me puso de nuevo contra la pared, esta vez con las piernas en sus hombros. —'Ahora sí, puta, te voy a reventar'— escupió antes de enterrarse en mí hasta el cuello del útero. Cada embestida era un golpe de placer, sus dedos clavándose en mi piel mientras me follaba sin control. Cuando alcanzó el orgasmo, su semen caliente me llenó por completo, goteando por mis muslos mientras él sonreía con satisfacción. —'¿Te gustó, guarra? Porque esto apenas empieza'— me desafió, y yo solo gemí, lista para otra ronda.