Emma Rose domina a una chica en el café vacío y la hace gemir sin control
Emma Rose no perdonó ni un segundo cuando vio a esa morena mirándome en el café desierto. Me acerqué como un depredador, empujándola contra la barra sin avisar, y le susurré al oído que si no quería gritar, mejor se tragaba todo. Le bajé la blusa de un tirón, dejando los pechos al aire, y le pellizqué los pezones hasta que se le escapaban gemidos ahogados. Le metí la mano bajo la falda, apartando el encaje mojado para hundir dos dedos en su coño apretado, moviéndolos con fuerza hasta que empezó a temblar. '¿Quieres que te folle aquí, putita?', le pregunté, y asintió con los ojos vidriosos. La giré de golpe, apoyándola contra la pared, y le levanté la falda para clavarle la polla dura de una estocada, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía con cada embestida. 'Pídeme permiso para correrte', le ordené, y solo entonces le dejé llegar al orgasmo, mordiéndome el labio mientras su coño se contraía alrededor de mi verga. Cuando terminó, la miré a los ojos y supe que esta noche nunca la olvidaría: había dejado su orgullo en mis manos, y eso la volvía mía.