La apuesta sexual de Tatamira: ¿Podré hacerla gemir como una perra?
Aquel día en el cuarto de estudio, Tatamira me retó con una sonrisa pícara: 'Si me haces correrme tres veces seguidas, te dejo chuparme las tetas en público'. No me lo pensé dos veces, le bajé los jeans de un tirón y hundí la cara entre sus muslos mojados. Su coño ya estaba palpitando cuando mi lengua encontró su clítoris, y ella arqueó la espalda con un gemido ahogado. Le metí dos dedos de golpe mientras le mordisqueaba los pezones, y su jugo me chorreó por la barbilla. 'No te corras todavía, puta', le susurré antes de voltearla y empotrársela por atrás, sintiendo cómo su culo apretaba mi polla como un guante. Cada embestida la hacía chillar más fuerte, hasta que le di la vuelta otra vez y le llené la boca con mi verga, ahogando sus gritos. Cuando la puse a cuatro patas y le clavé la polla hasta las pelotas, sus muslos temblaron y su coño se contrajo alrededor de mí. '¡Sí, así, cabrón!', gritó mientras le agarraba las caderas y le di lo suyo. Al final, le disparé toda mi leche en el coño mientras ella se retorcía de placer, y solo entonces me miró con ojos desafiantes: '¿Otra ronda?'.