La vecina sumisa obedece cada orden de su dueña
Esa tarde en el cuarto de juegos, la vecina de culo prieto y tetas naturales se arrodilló temblando ante su ama, que le ordenó desnudarse mientras le acariciaba el pelo con desdén. La sumisa, con los pezones duros y el coño ya mojado, gimió cuando le dijeron que se inclinara sobre el banco de bondage, separando las nalgas para mostrar su agujero rosado. La dueña, con una sonrisa cruel, le ordenó chupar el dildo enorme antes de empotrárselo de una estocada, haciendo que la vecina gritara mientras sus muslos temblaban. Cada vez que la polla de silicona entraba hasta hacerle tocar el cuello del útero, la sumisa suplicaba permiso para correrse, pero solo recibía más azotes en el culo. En más de 30 minutos de escena, la vecina obedeció cada orden, desde lamerle el coño a su ama hasta mear en un vaso cuando se lo exigieron. Al final, con la boca llena de leche artificial, la vecina susurró: '¿Puedo chuparte las tetas otra vez, mi dueña?'