Grandpa James se masturba con su polla vieja y peluda
Imagínate la noche cerrada, la luz tenue de una lámpara de escritorio iluminando el cuarto de un hombre solo, con la polla dura como roca y los cojones llenos a reventar. Te vas a poner durísimo cuando veas a Grandpa James, ese viejo con la piel arrugada y el vello canoso en el pecho, desnudándose frente a la cámara con una sonrisa pícara, sabiendo que alguien más ha tenido lo que él ahora reclama. Las manos de ese viejo, callosas y ávidas, envuelven su verga gruesa, la piel de la cabeza ya morada de tanto empujar, y vas a gemir cuando empiece a pellizcarse los testículos, gruesos y pesados, imaginando que es la polla del tipo que le robó a su puta. Cada vez que se frota más rápido, los gemidos se vuelven más profundos, el sonido de su piel golpeando el aire es como un latigazo, y te vas a sentir igual de furioso cuando veas cómo su pene se hincha aún más, la sangre subiéndole a la punta hasta que ya no aguanta. La excitación es tanta que no puede esperar, y el chorro espeso de leche caliente salpica su vientre, grueso y blanco, mientras él grita como un animal, sacudiendo su polla hasta la última gota, hasta que el dolor en los huevos lo obliga a parar. La venganza está completa, su rival ya no es una amenaza, solo queda el calor de su semen resbalando por su piel, el olor a sexo viejo y rencor. La cámara sigue grabando, pero él ya no necesita más pruebas: su polla sigue dura, lista para otra ronda, porque ahora tiene algo que antes le faltaba: el poder.