Amethyst Mars y su juego prohibido de nalgas al aire
El sonido de la faja de su tanga al romperse contra su piel te hace apretar los dientes, sabiendo que esto está mal pero que no puedes parar. Amethyst Mars está ahí, con las bragas rotas colgando de un dedo, su culo perfecto enrojecido donde la fusta dejó su marca. La agarras por las caderas y sientes cómo su coño ya está mojado, goteando por tus dedos mientras la empujas contra la pared. Ella gime, pero no es de dolor, es de ese placer sucio que le recorre la espalda cada vez que le das una nalgada más fuerte. Te la follas sin piedad, sintiendo cómo sus paredes se aprietan alrededor de tu polla, y cuando le das la vuelta para empotrársela contra el sofá, sus uñas se clavan en tu espalda. El sudor se mezcla con el olor a sexo en el aire, y cuando te corres dentro de ella, su cuerpo tiembla y sus piernas se debilitan. Al terminar, ves la marca de tus dedos en sus muslos, donde la sujetaste con fuerza, y el tanga roto tirado en el suelo como prueba de lo que acaba de pasar.