La maestra me corrompió con una clase de sexo prohibido
¿Segura que esto está en el programa? murmuré cuando sus dedos se deslizaron bajo mi falda, pero su risa fue la única respuesta. La profesora Rodríguez, con esa mirada que quemaba más que el sol de agosto, me arrastró a su oficina después de clase, donde el olor a cuero y sexo se mezclaba en el aire. Sus uñas rojas arañaron mi cuello mientras me empujaba contra el escritorio, susurrándome al oído que nadie se enteraría de lo que pasaría entre estas paredes. Mi coño se mojó al instante, traicionándome, cuando ella bajó mi cremallera con manos expertas, liberando mi polla dura como piedra. Me arrodillé sin pensarlo, chupando sus tetas grandes mientras ella me guiaba hacia su entrepierna, ya empapada de excitación. Gemí al probar su sabor, dulce y salado, mientras sus caderas se movían contra mi cara, follándome la boca con un ritmo que me dejó sin aire. Sus tacones se clavaron en mi espalda, marcando un ritmo frenético, y supe que estaba perdida cuando me ordenó correrme en sus medias de seda. Cada gota fue un pecado, pero no pude parar, no cuando su voz me pedía más, más fuerte, más sucio. Ahora, mientras me limpia con su propia blusa, solo pienso en cuándo será la próxima sesión de 'educación extra'.