Servicio prohibido a Crisanto con esta niñita caliente
— ‘No deberíamos hacer esto… pero no aguanto más’ — le susurré al oído a Crisanto, mientras me mordía el labio. Llevábamos semanas mirándonos de reojo, robándonos caricias furtivas cuando nadie miraba, hasta que el deseo se volvió insoportable. Su polla ya estaba dura antes de que me arrodillara, y ni bien la tomé en mi boca, gimió tan fuerte que tuve que ahogarlo con mis labios. ‘¿Qué tal si tu papá entra ahora?’ me provocó, mientras me acorralaba contra la pared y me levantaba la falda. No me importó — solo quería que me empotrara contra el sofá, con sus manos apretándome las caderas y sus embestidas tan profundas que sentí cada centímetro hasta hacerme tocar el cuello del útero. Cuando me dio la vuelta y empezó a lamerme el culo, su lengua caliente me volvió loca, y grité tan fuerte que casi despertamos a la casa. Al final, Crisanto se corrió sobre mis tetas mientras yo me retorcía, pero la próxima vez será diferente… cuando su papá esté cerca.