Hinata se entrega al deseo que la quema por dentro
Lleva días mirándolo de reojo, sintiendo cómo el calor le sube por el vientre cada vez que sus ojos se cruzan. La tensión es insoportable, una carga eléctrica que le recorre la piel y le humedece el coño sin que pueda evitarlo. Hoy no aguanta más: se acerca sigilosa, rozando su polla dura con la punta de los dedos antes de hundirse de rodillas. Él gruñe al sentir su lengua deslizarse por el tronco palpitante, chupando con fuerza mientras sus manos le agarran el pelo. Hinata gime ahogadamente, sintiendo cómo la saliva le escapa al ritmo que marca, hasta que él la levanta de golpe y la empotra contra la pared. Sus piernas se enredan alrededor de su cintura mientras él la penetra de una estocada, llenándola entera de golpe. Cada embestida le roba el aire, los golpes secos de sus caderas chocando contra las suyas resuenan en la habitación. Ella clava las uñas en su espalda, arqueándose para recibirlo más hondo, hasta que las caderas chocan y el placer le quema las entrañas. Él gruñe en su oído: “¿Así lo querías, zorra?”, y ella solo puede gemir en respuesta, sintiendo cómo el orgasmo la parte en dos mientras él se corre dentro, marcándola como suya.