La vecina cachonda me pide que la empotre como una perra en celo
Aquella tarde de verano, el calor pegajoso se mezclaba con el olor a sudor y excitación cuando la vecina Vampirosa te abrió la puerta con su culito redondo apenas cubierto por un tanga transparente. Sabías que esto estaba mal, que no debías cruzar esa línea, pero al ver cómo se mordía el labio inferior y te miraba con esos ojos llenos de lujuria, no pudiste resistirte. La agarras por la cintura y la empujas contra la pared, sintiendo cómo su cuerpo delgado pero firme se estremece bajo tus manos. Ella gime cuando tus dedos se clavan en sus caderas y te inclinas para chupar sus pezones duros mientras tu polla ya palpita contra su vientre. La volteas y le bajas el tanga, dejando al descubierto su culo perfecto, redondo y palpitante, con ese piercing en el coño brillando bajo la luz. Te lo metes de una estocada, sintiendo cómo su carne se abre para ti, ajustándose a tu verga gruesa mientras ella grita y se agarra a las sábanas. La embistes con fuerza, escuchando el sonido húmedo de tu polla entrando y saliendo de su coño mojado, y ella te pide más, que la rompas, que no pares. Te corres dentro de ella, llenándola hasta que su cuerpo tiembla y se queda sin aliento, y cuando te apartas, ves cómo su cara se contrae en una mezcla de placer y vergüenza, sabiendo que acabas de cruzar un límite que no podrán olvidar.