Rissa May gozando con la polla gigante de Mick Blue
La habitación está en penumbra, con los rayos de sol filtrándose por las cortinas medio cerradas, bailando sobre el cuerpo desnudo de Rissa May mientras se lame los labios de anticipación. Ella sabe que no debería estar haciendo esto, que un hombre como Mick Blue, con esa verga brutal que apenas puede sostener entre sus dedos, es demasiado para su cuerpo pequeño, pero el calor que le sube por el coño mojado nubla todo sentido. Se arrodilla frente a él, mirándolo con ojos de perra en celo, y empieza a chupar esa polla como si fuera su última comida, tragándosela hasta donde sus labios pueden estirarse. Mick gruñe, agarra su pelo castaño y la obliga a ir más profundo, mientras ella gime ahogada, la saliva manchando su barbilla. Cuando ya no aguanta más, él la empuja contra la cama, le abre las piernas y clava su verga en ese coño apretado de una estocada, llenándola hasta que las caderas chocan. Rissa grita, pero no de dolor, sino de placer prohibido, sabiendo que esto está mal, que alguien podría escucharlos, pero no puede parar. Mick la embiste con fuerza, los testículos golpeando su culo cada vez que entra, mientras ella arquea la espalda, las tetas grandes rebotando con cada movimiento. Se gira para montarlo, cabalgándolo como una amazona descontrolada, el sonido de sus carne chocando llenando la habitación. Él la voltea de nuevo, ahora con el culo en alto, y le come el coño con furia, lamiendo cada gota de su jugo antes de volver a penetrarla, esta vez desde atrás, apretándole las nalgas mientras su polla entra y sale como un martillo. Rissa no puede más, se corre gritando, el orgasmo recorriéndola entera, pero Mick no se detiene, quiere verla romperse otra vez. La toma del pelo, la obliga a chupar su verga mientras él se frota contra su cara, hasta que por fin se corre en sus tetas, el semen blanco manchando esos pechos perfectos. Ella gime, sabiendo que esto no tenía que pasar, pero que no dejará de repetirse.