Brianna se apuesta que Zac no aguanta su culo perfecto
La apuesta estaba clara: si Brianna no conseguía que Zac se corriera de lo bien que la montara, él ganaba. Pero yo sabía lo que estaba por venir... Mi coño ya estaba mojado antes de que él entrara en la habitación, y cuando vi esa verga gruesa apuntando hacia mí, supe que la noche sería larga. Me puse de rodillas, le tomé la polla con ambas manos y empecé a chupársela lento, provocándolo, sintiendo cómo se endurecía aún más entre mis labios. Él gruñó y me empujó contra la cama, sus dedos apretando mis muslos mientras me levantaba el culo para empotrarme de una. La primera embestida me hizo gritar, pero no me quejé, solo gemí más fuerte, retándolo a darme todo lo que tuviera. Zac no se hizo rogar: me clavó su verga hasta las pelotas, sus caderas chocando contra mi culo mientras me follaba sin piedad. Sentía cada centímetro de su polla gruesa dentro de mí, mi cuerpo temblando con cada embestida. Le pedí más, le rogué que me rompiera, y él obedeció, cambiando de posición para montarme desde atrás, sus manos agarrando mis tetas mientras me penetraba con fuerza. El aceite que usamos hizo todo más resbaladizo, sus movimientos rápidos y brutales, mi coño chorreando de placer. Cuando por fin se corrió, lo hizo gritando mi nombre, su leche caliente llenándome por completo. Pero esto no ha terminado: la próxima vez, seré yo la que lo haga suplicar.