Jackie Hoff se entrega a una polla negra que la parte en dos
Jackie Hoff no debería estar aquí, pero la curiosidad por esa verga negra que la mira con descaro desde hace días la traiciona. Te la llevas a un rincón oscuro donde Rodrigo Amor espera, su polla ya dura y goteando, y antes de que puedas pensarlo dos veces, ella se arrodilla y te la mete entera en la boca, ahogándose con cada embestida mientras sus tetas naturales rebotan contra tu abdomen. Sientes cómo se le humedece el coño al chupártela, cómo gime con la boca llena, cómo sus uñas se clavan en tus muslos para no caerse. Cuando la pones de espaldas contra la pared, sus piernas se enredan en tu cintura como si no quisieran soltarte, y cada vez que la embistes, su culo se sacude y su coño se aprieta alrededor de tu verga, como si no quisiera que te salieras. Te la follas con fuerza, sintiendo cómo su cuerpo tiembla y sus gemidos se vuelven más agudos, hasta que de repente se corre, pero no se detiene, sigue moviéndose, buscando más, como si no pudiera saciarse. Sabes que esto está mal, que no deberías estar haciéndole esto a una chica como ella, pero cuando la miras a los ojos y ves cómo te suplica que no pares, ya no hay vuelta atrás. La última estocada la hace gritar, y mientras se corre otra vez, piensa que nunca había sentido algo así, que no debería, pero que no puede evitar desear que esto nunca termine.