Jada Stevens te reta a no dejarla correrse
“¿Otra vez te vas a cansar antes que yo, nene?”, le susurra Jada Stevens al oído mientras te agarra la polla dura y te la frota contra el culo perfecto, ya mojado y temblando de ganas. Sabes que esta vez va en serio: después de cómo le partiste el culo anoche, ella quiere demostrar que aún le queda resistencia. La empujas contra la pared y le muerdes el cuello mientras tus dedos le separan las nalgas, sintiendo cómo suelte un gemido ahogado cuando te la metes de una estocada, hasta que sus piernas empiezan a flaquear. “¡Más fuerte!”, grita, y tú obedeces, embistiéndola con un ritmo que hace que su coño apriete tu verga como si quisiera ordeñarte. El choque de sus carnes resuena en la habitación, y cada vez que te entierras hasta las pelotas, ella te araña la espalda, jadeando palabras que no son más que desafíos. Te clavas en ese culo que late alrededor de tu polla como un puño caliente, y cuando ella empieza a chorrear, sabes que está cerca, pero no vas a dejar que se corra antes que tú. La volteas y le levantas las caderas, penetrándola desde atrás con embestidas que le arrancan sollozos entrecortados. “¡No pares, no pares!”, suplica, pero tú no tienes piedad, porque esto es una guerra, y vas a ganar. Al final, cuando por fin te corres con un gruñido, y sientes la leche caliente llenarle el culo mientras ella tiembla y se desploma sobre la cama, es el novio de Jada Stevens, Hugomontador, el que se queda mirando con la boca abierta, sabiendo que nunca más podrá complacerla como tú.