La secretaria caliente se entrega al jefe después de semanas de tensión
Llevas días notando cómo te mira, cómo se muerde el labio cuando pasas frente a su oficina con ese vestido ajustado que apenas cubre tu culo respingón. Las miradas furtivas, los roces "accidentales" al entregarle documentos, el calor que sube cuando sus dedos rozan los tuyos al pasar el café. Hoy no aguanta más: te arrastra contra la pared, te levanta la falda y te empotra de una estocada que te hace gemir tan fuerte que temes que los de contabilidad lo escuchen. Sientes su polla dura como roca entrando y saliendo de tu coño mojado, sus manos apretando tus tetas mientras te susurra al oído que siempre supo que eras una puta dispuesta. Te corre en las nalgas, marcándote como suya, y cuando te gira para chuparte los pezones, te dice: 'Ahora vas a limpiarme la polla como la perra que eres'