Mea sobre mi cuerpo y bebo hasta la última gota, Farfalla Lover
La sala está oscura, solo la luz tenue de la lámpara de noche ilumina mi piel sudorosa y el charco que ya se forma en el suelo. Hace semanas que ese marido cornudo me mira con envidia cada vez que pasamos por su casa, siempre con esa sonrisa de superioridad porque cree que su esposa es mejor que yo. Pero hoy va a aprender quién manda aquí. Farfalla Lover se arrodilla entre mis piernas, con su lengua ya rozando mi coño mientras su polla gotea sobre mis tetas. Le agarro del pelo y lo obligo a mirarme a los ojos mientras meo directamente en su boca, sintiendo cómo el líquido caliente llenó su garganta hasta hacerle tragar todo. El líquido dorado cae en cascada sobre mi piel, mojando mis pezones y resbalando por mis curvas hasta el suelo. Cada chorro que sale de mi coño es un recordatorio de lo que él nunca tuvo: mi dominio total. Farfalla Lover gime bajo mi peso mientras lo monto, sus manos aferradas a mis caderas mientras me corro encima de él, dejando marcas rojas donde mis uñas arañaron su espalda. El olor a sexo y orina me envuelve, y cuando termino, su cuerpo está cubierto de mis fluidos. Su esposa puede tenerlo, pero yo lo he usado como un esclavo durante más de 11 minutos. Y cuando me levanto, dejo mi tanga empapado tirado en el suelo, como prueba de lo que pasó.