Victoria se moja entera mientras Mugur la empotra en secreto
Te voy a contar cómo fue ese día que me encerré en el gimnasio después de horas con Mugur, sabiendo que en cualquier momento podía entrar alguien de mantenimiento o alguna zorra fisicoculturista. Él me puso contra la máquina de abdominales, levantándome el top para morderme los pezones mientras me agarraba el culo como si fueran a escaparse sus manos. ¿Te gustaría estar en su lugar? Porque yo ni siquiera podía gemir fuerte, solo apretaba los labios cuando Mugur me metía la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su verga gruesa me abría el coño mojado con cada embestida. Él me tapaba la boca con la mano libre para ahogar mis gritos, pero igual escuché pasos afuera, alguien que pasó por el pasillo y se detuvo un segundo. Mugur no paró, siguió embistiéndome contra la máquina, haciendo que el metal chirriara con cada golpe de sus caderas contra las mías. Yo solo pensaba ‘que no abran la puerta ahora’, mientras él me daba de una estocada tan fuerte que el squirt me salía como un chorro caliente, mojando el suelo a nuestros pies. Sentía su verga latiendo dentro de mí, y aunque el riesgo de ser pillados me ponía más caliente, también me hacía morderme el labio hasta sangrar. Mugur no se corrió hasta que mis gemidos ahogados se convirtieron en un susurro entrecortado, y aún así él me susurró ‘no pares, sigue mojándote para mí’. Ahora mismo, cuando lo recuerdo, lo único que pienso es que ojalá hubiéramos tenido más tiempo antes de que alguien llegara a interrumpirnos.