El burro me abrió el culo y casi nos pillan
El burro ya estaba duro cuando me acerqué, sus manos temblorosas buscando mi culo mientras yo miraba hacia la puerta, escuchando los pasos de mi vecina en el pasillo. Sabía que si entraba, nos vería con las piernas enredadas, sus dedos hundidos hasta las pelotas en mi coño mojado, mi respiración entrecortada por el miedo y el placer. ¿Te gustaría estar en su lugar, sintiendo cómo cada embestida me hacía chocar contra la pared, los gemidos ahogados en su hombro para que nadie escuchara? En más de 10 minutos de escena, El burro me empotró contra el sofá, su polla gruesa entrando y saliendo sin piedad, mis uñas marcando su espalda mientras yo susurraba 'más fuerte' entre dientes. Cada vez que escuchaba un ruido afuera, apretaba más las piernas, sintiendo cómo su leche caliente me llenaba hasta el cuello del útero, pero no podía parar. Al final, quedamos tirados en el suelo, su semen resbalando por mis muslos y una de mis medias colgando de la lámpara.