La mira y no puede resistir otra vez
La habitación estaba envuelta en un silencio tenso, solo roto por el crujir de la cama cuando te acercaste a ella, que llevaba días provocándote con miradas robadas y roces casuales. La tensión había sido insoportable, acumulándose entre ustedes desde que se encontraron en la cocina hace una semana, donde sus manos casi se rozaron al alcanzar la misma taza. Ahora, con su cuerpo pegado al tuyo, sientes cómo la polla te late contra su culo, duro y perfecto, mientras sus gemidos ahogados te excitan más. No te demoras en agacharte para morderle el cuello, marcándola antes de dar la vuelta y empotrarla de una sola estocada, sintiendo cómo su coño mojado te aprieta hasta las pelotas. Sus uñas te arañan la espalda mientras la embistes sin piedad, escuchando ese sonido húmedo que hace su culo al chocar contra tus caderas. La sientes temblar cuando te hundes más profundo, hasta hacerle tocar el cuello del útero, y sus gritos se vuelven más altos, más desesperados. Sabes que está a punto de correrse, así que acelera el ritmo, clavándosela cada vez más rápido, hasta que sus músculos se contraen alrededor de tu verga y su poderoso orgasmo te arrastra con ella. Cuando terminan, sudorosos y jadeantes, notas cómo su lencería rota sigue tirada en el suelo, un recordatorio de lo salvaje que fue todo.