Natalia te pide que le rompas el culo virgen
El pasillo está oscuro y el silencio solo se rompe con el crujir de la madera bajo tus pies mientras te acercas a la puerta entreabierta de su habitación. Natalia está ahí, temblando con la polla dura entre tus manos, susurrando que no puede esperar más, que su culo apretado está listo para que se lo partas de una vez. La agarras por las caderas y la empujas contra la pared, sintiendo cómo su respiración se acelera cuando le metes los dedos para abrirla bien mojada. Ella gime bajito, tapándose la boca con la otra mano, pero no puede evitar que los sonidos escapen cuando te la entierras hasta las pelotas de un solo empujón. Escuchas pasos en el piso de abajo y se queda quieta, conteniendo el aire, pero tú no paras: le agarras el pelo y le metes la polla más hondo, sintiendo cómo su culo se aprieta alrededor de tu verga mientras te la follas contra el colchón. El sudor le cae por la espalda y sus temblores te dicen que está a punto de correrse, pero tú no te detienes hasta que le llenas el culo con toda tu leche caliente. Cuando se aparta, jadeando y con los ojos brillantes, te susurra que la próxima vez será en la cocina, donde cualquiera podría entrar y pillarlos. La próxima vez, promete, no habrá tiempo para esconderse.